Triana, corazón de Sevilla: siglos de barro, azulejos y tradición cerámica. Parte III. En esta tercera entrega, continuamos nuestro recorrido histórico por la cerámica sevillana, abordando la etapa de Isbiliya durante Al-Ándalus, la fusión mudéjar tras la Reconquista y la influencia de maestros italianos y empresarios como Niculoso Pisano y Charles Pickman. Descubriremos cómo la creatividad, la técnica y la modernización industrial hicieron de Sevilla un referente mundial de la cerámica, consolidando la identidad cultural y artística que aún hoy late en los talleres de Triana.
Cuando los musulmanes conquistaron Hispania en el siglo VIII, Isbiliya (como pasó a llamarse Sevilla) se convirtió en una de las ciudades fundamentales de Al-Ándalus. No emergió de la nada: ya había restos romanos, visigodos, una estructura urbana, sistemas de calles, murallas, ríos y puentes. Pero lo que vino después transformó todo: cultura, arquitectura, sociedad… y cerámica.
Innovaciones en la cerámica andalusí
Durante los siglos del Emirato y más tarde del Califato de Córdoba, Sevilla se integró en una red cultural que la conectaba con Siria, Egipto y el Magreb. Con los nuevos artesanos llegaron técnicas hasta entonces desconocidas en Occidente: el vidriado con plomo, los esmaltes coloreados, los motivos caligráficos, el alicatado y más adelante, la técnica del lustre metálico, que daba reflejos dorados a las superficies.
En esta época, la cerámica dejó de ser solo utilitaria y pasó a ser arquitectónica: cubría muros, fuentes, patios y zócalos. El uso de azulejos tenía un sentido práctico (mantener frescos los interiores, facilitar la limpieza en un clima cálido, evitar daños en los muros derivados de la humedad) y también simbólico, porque convertía los edificios en un reflejo geométrico del paraíso descrito en el Islám.
El barrio de Triana y los primeros alfareros musulmanes
En 1248, el rey Fernando III de Castilla conquistó Sevilla. Para muchos artesanos musulmanes, esto no significó el final, sino un nuevo comienzo. Aquellos alfareros siguieron trabajando bajo dominio cristiano y pasaron a ser conocidos como mudéjares, el arte islámico era signo de lujo, de poder y de exotismo, un verdadero instrumento en las manos de los reyes cristianos que habían conquistado el terreno andalusí.
Azulejos mudéjares: técnica y estética
El Real Alcázar de Sevilla, ampliado por Pedro I el Cruel en el siglo XIV, es el mejor ejemplo: sus salas y patios están cubiertos de azulejos mudéjares que todavía hoy asombran a los visitantes. Allí, la cerámica no era un simple adorno: era una declaración de poder y de identidad mestiza.
La llegada del Renacimiento: Niculoso Pisano
Gracias a él, Sevilla dejó de ver el azulejo solo como ornamento geométrico y lo transformó en narrativa visual: santos, batallas, escenas bíblicas y alegorías se plasmaban en barro vidriado. Su obra maestra, el retablo cerámico de la Portada del Monasterio de Santa Paula, aún sorprende por su delicadeza y realismo.
Con Pisano, Sevilla entró de lleno en el Renacimiento europeo, sin perder la esencia mudéjar que seguía viva en sus talleres.
Desarrollo barroco y cambios en el siglo XVIII
Cajas de escaleras, zócalos de Palacios y conventos se poblaron de repertorios decorativos y funcionales que embellecieron y llenaron de composiciones brillantes y vibrantes el caserío de la ciudad.
En el siglo XVIII, la moda cambió: influenciados por la porcelana oriental, los azulejos adoptaron una paleta más sobria, dominada por el azul y el blanco, a semejanza también de las producciones holandesas, británicas, portuguesas…
La Revolución industrial: Charles Pickman y la Fábrica de la Cartuja
Pero la gran transformación en la cerámica sevillana llegó en el XIX con Charles Pickman, un industrial inglés que fundó la Fábrica de la Cartuja en el antiguo y desamortizado monasterio sevillano de Santa María de las Cuevas, aprovechando que de sus terrenos se habían extraído tradicionalmente barros de altísima calidad, de hecho, parece que la denominación de “las cuevas” se debe a las innumerables oquedades que llenaban el espacio en el que se construyó. Oquedades debidas a la extracción de arcillas desde época prehistórica.
Sus vajillas, tazas y platos conquistaron mercados internacionales, y Sevilla se convirtió en referencia mundial de cerámica industrial. Lamentablemente, el brillo de la fábrica de Pickman se apagó hace unas escasas semanas, en que cerró sus puertas esta fábrica que fue, durante generaciones orgullo de los sevillanos y de los artesanos que en ella trabajaron sin descanso.
Cerámica y arquitectura del siglo XX: Aníbal González
El máximo exponente de su estilo en la ciudad es, sin lugar a dudas la monumental Plaza de España, en la que sus bancos y medallones representan a las provincias de España en un derroche de color e ingenio decorativista. La cerámica ya no era ni volverá a ser solo un arte de taller: era ya y para siempre un símbolo de identidad nacional y orgullo sevillano.
Sevilla contemporánea: tradición y modernidad
Gracias por acompañarnos en este viaje por la cerámica sevillana, desde los primeros alfareros musulmanes hasta los talleres contemporáneos de Triana. Cada detalle de esta historia refleja siglos de creatividad, oficio y pasión.
Esta entrega ha sido elaborada por nuestras compañeras Luisana Aldana, Reyes Fernández y Elena Belascoain, quienes han puesto su conocimiento y entusiasmo en cada línea.
Seguiremos explorando más historias en nuestro apartado de Culturoterapia, con nuevas series y artículos que despierten la curiosidad y el amor por el arte y la cultura que nos rodea.