Hospitales con Historia: Sevilla, Misericordia y Barroco: El Espíritu de la Caridad. Parte II. En nuestra anterior entrada del blog revisamos el germen del Hospital de La Santa Caridad de Sevilla, y la importancia que en el desarrollo del mismo tuvo Don Miguel de Mañara, continuaremos explorando su figura, y la evolución del Hospital.
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ToggleEl mito de Don Juan y Miguel Mañara
Tal vez sea esa la autodenominación que el propio Miguel de Mañara usó para definirse en su epitafio, como “el peor hombre del mundo” la que se transformó poco a poco en la leyenda del Don Juan, el burlador, el libertino entregado al placer y la vida mundana hasta que tiene una revelación sobre su muerte y decide cambiar de vida. Sin embargo, los estudios históricos contemporáneos tienden a matizar esta imagen. Si bien es posible que en su juventud llevara una vida cortesana y social activa, no existen pruebas documentales que confirmen una existencia licenciosa prolongada ni especialmente escandalosa. La vinculación con el arquetipo del Don Juan responde más a una construcción simbólica posterior, útil para resaltar la radicalidad de su conversión, para darle, si cabe, más espectacularidad.
La idea de que fue libertino antes, durante o después de su matrimonio parece más un recurso literario, o un ardid para resaltar la valía de su santidad posterior, que un hecho biográfico contrastado. Lo cierto es que la figura de Mañara ha oscilado entre la leyenda negra y la santidad, y precisamente esa ambivalencia ha contribuido a fijar su figura en el imaginario cultural sevillano. Esta dimensión legendaria y literaria se consolidó especialmente a partir del siglo XIX, cuando la figura de Mañara fue reinterpretada en clave romántica. Autores como José Zorrilla vieron en él al arquetipo del pecador arrepentido, usándolo como base para su Don Juan, el mito del sevillano caído y redimido. Incluso llegó a escribirse en 1844 un “Don Juan de Mañara”, drama francés de Théophile Gautier que deja claro cómo el mito llegó a devorar en el imaginario colectivo europeo al personaje real.
El Hospital de la caridad. La construcción de un sueño. El empeño de un arrepentido
En lo constructivo, el Hospital proyectado por Miguel Mañara como lo conocemos hoy se inició 1673 gracias a la cesión de las vecinas Atarazanas Reales – El arzobispo Spinola, amigo de Mañara, intercedió ante la mismísima Reina para tal logro- y a una más que generosa donación de un Capitán, Hermano de la Caridad. Con estos recursos se construyó en tan sólo un año la primera sala de enfermos, llamada de Cristo, inicialmente con 24 camas que pronto, en semanas, se ampliaron a 50.
En dos años más se añadió una segunda sala -de la Virgen- aprovechando también la estructura sólida de las naves de las Atarazanas. En 1678 comenzó la construcción de la tercera sala, la de San Antonio, incluso sin contar aún con el permiso real, cerrando arcos de naves contiguas de las Atarazanas y modificando, en lo preciso, sus interiores. Este impulso irrefrenable sufrió un golpe mortal al fallecer Mañara en 1679, tal fue el vacío que dejó que esta última nave no se terminó hasta 1682 tras una ejecución más lenta que las anteriores por falta de su motor anímico y personal. Casi un siglo después ve la luz la cuarta sala, dedicada a San José, la última que se levantaría.
Cada sala como espacio espiritual y atención integral
Como lugar dedicado a la atención de las almas por encima de la atención de los cuerpos, cada sala destinada a alojar enfermos contaba con su propio altar para que pudieran participar en los sacramentos desde sus camas. Sobre cada cabecero, un azulejo con la advocación de un santo, identificaba cada puesto e imploraba la intercesión del santoral en la curación de los maltrechos cuerpos que bajo ellos se postraban.
Pero sin dudar, la joya del conjunto construido bajo la batuta de Mañara es la iglesia del hospital, un auténtico templo del arte barroco sevillano. En ella se desplegó un impresionante programa iconográfico, supervisado directamente por Miguel de Mañara. Su intención era clara: impactar al espectador, mover su alma a la conversión y al servicio a los demás, y el instrumento: contratar a los artistas más notables de su momento, dejando claro que en una institución que siempre se movió entre dificultades económicas, el fin catequético, espiritual, estuvo siempre si no por encima, si a la par de las necesidades mundanas del hospital y sus beneficiarios.
Obras artísticas y su mensaje espiritual
Entre las obras más destacadas figuran telas de Murillo, ocho lienzos sobre las obras de misericordia, como Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos y San Juan de Dios transportando a un enfermo. Su estilo dulce y luminoso reflexiona sobre la entrega y la ternura de la caridad cristiana.
En contraste, los lienzos de Valdés Leal aportaban el barroco dramatismo con In ictu oculi y Finis gloriae mundi, impactantes reflexiones visuales sobre la fugacidad de la vida y la certeza de la muerte, auténticas lecciones de humildad y penitencia que desgarran el ánimo.
Pedro Roldán y Duque Cornejo realizaron esculturas y retablos que combinaron teatralidad barroca y espiritualidad, girando las esculturas en torno a la pieza principal de bulto redondo del templo: El Entierro de Cristo del retablo mayor, que recuerda que los enfermos atendidos en el hospital son, en todo momento, un trasunto de nuestro Señor.
No te pierdas la tercera entrega de Hospitales con Historia: Sevilla, Misericordia y Barroco: El Espíritu de la Caridad, donde continuaremos explorando la historia del hospital y el legado cultural de Sevilla que sigue inspirando hasta hoy.
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